Manuel, Que Dulce Nombre... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Javier Roldán Beas   
Jueves, 03 de Marzo de 2011 17:59

El pasado viernes, un grupo de aficionados de Jerez disfrutamos de la presencia del indómito eco de Manuel de los Santos Pastor, “Agujetas”, en la vecina Rota, como acto previo a la inauguración del monumento que el ayuntamiento de dicha localidad tiene previsto levantarle. Muchas eran las expectativas puestas en el recital, porque cantaores/as de esta talla siempre suelen tocar alguna fibra de nuestro centro emocional, producir una pequeña catarsis, zarandearnos aunque solo sea por un instante, algo tan necesario en un momento de tanto exacerbado artificio.

En un primer momento, se subieron sobre las tablas del teatro su sobrino Ángel Pastor “El Negro” y su primo Eduardo, aficionados que arroparon al patriarca de la estirpe en tal acontecimiento. El público de la casa supo agradecer en todo momento el arrojo e ímpetu de ambos cantaores, por momentos destemplados y sin voz para ejecutar los cantes. Entre el graderío se oía alguna voz disconforme con lo que allí acontecía: “Esto es indigno para el flamenco”, pero en general, el público fue bastante respetuoso y agradecido, con una primera parte un tanto inesperada y deslucida, donde se echó en falta alguna dama de la dinastía, con rajo y trayectoria profesional suficiente a sus espaldas para salvaguardar tan preciado patrimonio oral. Se debe destacar la labor del guitarrista Manuel Valencia que en todo momento supo estar a la altura, dejando los espacios necesarios cuando había lugar para el cante, arropando con las pertinentes falsetas cuando faltaba aire, sin mostrar un mal gesto a pesar de las dificultades de la repentina impronta de los aventurados neófitos. Su bajañí suena a un Jerez ancestral y a la vez moderno. Una sonanta sublime, ajustada al tempo del cantaor, recogiendo con solidez cada lamento, una sencilla exquisitez difícil de alcanzar en el acompañamiento.

Se bajó el telón y hubo un pequeño respiro de quince minutos. Cuando volvió a abrirse, el estrépito lamento de Manuel llenó el auditorio, con un semblante serio e inamovible, agradeciendo al respetable la ovación recibida. Es sorprendente todo lo que es capaz de remover una persona con el solo hecho de abrir la boca, un quejío que penetra inevitablemente dejando una desazón indefinida, una especie de tsunami interno. Muy pocos son los portadores de tan valioso tesoro y sin lugar a dudas, Manuel, es uno de ellos. Hizo su habitual repertorio, donde no faltó la soleá, seguiriyas, la ronda de tonás, bulería pa escuchar y unos fandangazos. Acompañó cantando por cantiñas a su mujer, Tanako, donde el esfuerzo pasó factura a su privilegiada garganta, pero cuando parecía que Manuel ya no tenía voz, que se había roto, de pronto, resurgió con un gesto providencial, abriendo brazos y pecho, tentándose su estómago, y emergió el Agujetas genio y figura desde las tripas, en una irreconciliable lucha con los fantasmas del pasado y el presente, doliendo en su forma de decir el cante, digiriendo cada letra, cada gemido. Con la ronda de fandangos que nos concedió Manuel pudimos tocar el limbo por unos instantes, hubo bises de fandango. Lástima que los mejores momentos aconteciesen al finalizar la actuación, quedándonos con ganas de seguir escuchando al mejor de los manueles posibles, pero la edad no perdona y aun así el cantaor hizo un verdadero esfuerzo por estar a la altura. Gracias Manuel por entregar tanta verdad en tu cante.

Javier Roldán Beas.

Última actualización el Jueves, 03 de Marzo de 2011 18:08